• Pediste 

    Pediste cielo y cielo tuviste. Pediste amor y amor conseguiste; pediste sexo y sin quejarme te lo di; pediste abrazos y siempre, siempre estuve ahí; pediste una mano y al segundo la tendí; pediste verdades y te las concedí; te fui sincera sin importar cuánto doliera, y te regalé mariposas sin importar lo que hicieras con ellas. De vez en cuando volamos juntos y jamás, jamás la mano te solté.

    Quisiste superar fronteras y en lo que pude te ayudé. Hice una canción con tu nombre y mil versos con tus palabras. Saqué amor desde lo más profundo de mi alma. Bailé cuando me mirabas y lloré siempre a escondidas transparente como el agua, nunca te dije mentiras.

    Fui tu techo por si en tu vida llovía. También calor por si frío sentías. Fui todo lo que tú me pedías. Y acá estoy, rogando por un poquito de vos. Por ese beso que tanto espero… pero sé que es imposible.

  • Sentimientos

    Se sentía vacío, era un agujero. Negro, quizá gris y de vez en cuando, solo cuando sonreía, un color aparecía de repente. Era triste, lleno de odio, de maldad, le faltaba algo y no lograba saber qué era. Era un vacío que se llenaba de vicios, alcohol, drogas, prostitutas, sexo sin sentido, que no lograba llenar su alma.

    Era un cuerpo sin espíritu, un envase que salía a caminar. Miraba el aire y de nada se sorprendía, miraba el cielo en cada paso que daba hasta encontrar la primera estrella. A veces, cuando no dormía, se quedaba boca arriba esperando que la luz del sol le encandilara los ojos.

    Buscaba en esos destellos un poco de claridad, pero lo único que hacía era oscurecer su alma. Un día recibió un abrazo, una caricia sincera. Esa mano tomó la suya dándole una posesión valiosísima, un corazón que pudiera latir en su pecho. Lo tuvo, lo miró por un rato, no sé cuánto, minutos, horas, quizás años, y por un momento se sintió completo.

    Pero no todo dura para siempre y ese corazón rozagante poco a poco se fue marchitando, pues la oscuridad que invadía esa alma era más fuerte que el amor que cualquiera le pudiese regalar. Varias veces intentaron revivir ese corazoncito que quedó marchito por no saberlo cuidar.

    Un día despertó en otras manos, en otro pecho, en otro cuerpo lleno de magia, de soles y todas esas cosas que te alegran el alma.

    Y ese mismo día ese ser sin luz volvió a mirar a ese corazoncito que ya no estaba marchito y se lamentó mucho por haberlo dejado ir.

    Al pasar por al lado se le cayó una lagrima y ahí supo, por fin, lo que era amar y vivir.

  • EN BUSCA DE UN FINAL

    Soy hermosa porque así lo dice mi madre. Mi padre es el marido que siempre soñé, lastima que ya esté casado. Es por eso que he decidido recorrer el mundo buscando una persona que, al igual que mis padres, me sea sincera y reconozca mis virtudes y sepa valorar mis defectos. No sé si la encontraré, porque el mundo es demasiado grande o demasiado pequeño. Quizás al cruzar la calle la vea tomando un café o esperando el colectivo, no lo sé. Pero debo aventurarme y explorar cada rincón de este planeta ovoide para por fin poder hallar a quien los verdaderos poetas llaman la media naranja. Es temprano, yo diría de madrugada, no lo sé, la verdad no uso reloj, quizá sea el mediodía, pero el rocío no se ha secado, así que deduzco que no son más de las ocho. Todavía no se ve gente caminando, así que tal vez sea más temprano. Pero qué importa la hora si el tiempo es mío, tengo todo el tiempo del mundo para buscar al amor de mi vida, espero que sea suficiente. Ahora estoy sentada en un banquito blanco, el sol me da justo en la cabeza y me acaricia con sus rayos dándome calor en esta mañana. Aunque no es una mañana fría, ese abrazo me gusta. Recién acabo de ver unas cuantas caras mañaneras asomándose por las ventanas, saliendo a abrir los locales que rodean esta manzana. Pero todavía no he visto al hombre de mi vida. ... Ya es mediodía, no sé bien qué estoy buscando o en realidad a quién estoy buscando, ya no estoy más en la plaza, caminé unas cuadras hacia el centro de la ciudad y encontré trabajo en un bar de camarera. Me tomaron, qué alegría. El dueño del bar es muy guapo, pero no es la clase de hombre que me robaría el corazón. Espero que en este tiempo, que no sé cuánto será, encuentre a ese príncipe que tanto estoy buscando. ..... Ya he pasado casi una semana trabajando en el bar, la comida es excelente, el dueño del bar

    sigue siendo tan guapo como antes, se ha fijado en mí, lo sé porque siempre en los almuerzos nos toca el mismo turno y eso no es causalidad, pero yo no le correspondo. Él está trabajando aquí mañanas, tardes y noches, miles de hombres solteros que se sientan a tomar un café. A algunos les he dado mi teléfono y con otros he salido a caminar. El pueblo es muy lindo. De todas partes del mundo han venido a probar nuestra maravillosa cerveza casera, pero nadie parece ser el dueño de mi corazón.... .... El jefe por fin se me declaró y yo le presenté mi renuncia. Luego de unos meses en ese pueblito, he decido ir a una ciudad más grande, con más movimiento, quizás allí lo encuentre. .... Luego de dos días de viaje, por fin llegué. El lugar es hermoso y enorme, los edificios altos y grises parecen gigantes de piedra, automóviles que pasan a velocidades impensadas y esos grandes colectivos que semejan elefantes. Me aterra un poco, me siento pequeña ante tanta inmensidad, pero eso no me detiene. ....

    Preguntando, llegué al centro de la ciudad, incontables locales repletos de consumidores hambrientos y desesperados por vaciar sus billeteras, todos hundidos en un tremendo egocentrismo, narcisos que no miran más que su propio reflejo. Aquí sí que no voy a encontrar al amor de mi vida. De pronto me choco con un muchacho de lentes, un poco de barba, no mucha, una voz extraña. Lo escucho tímido.

    Pe… pe… pe… perdón, le oí decir mientras me tendía la mano para levantarme del suelo. Vio que tenía un golpe, nada grave, pero era un corte y sangraba mucho. Me ofreció llevarme a su local, vendía objetos usados, allí tenia un botiquín. Fuimos caminando, y no sé por qué, lo tomo de la mano, pero me resistí, no voy a anticiparme a decir que él es el amor de mi vida porque sería terminar un cuento con pocas aventuras, pero quién sabe. Quizá no escriba más que unas cuantas líneas.

    Martín, el chico tartamudo que vende objetos usados, me ha invitado a quedarme con él. Ya que no consigo trabajo ni alojamiento, podría ayudarlo con las ventas de sus cosas y él me daría techo, más un sueldo, muy pequeño, pero algo es algo. …

    Ayer fue mi cumpleaños y me llevó a cenar, me regaló unas flores y una cadenita que, según él, data del siglo XVIII. Es muy hermosa, de oro, con unas letras que no sé bien qué significan, y él no me lo ha querido decir tampoco. Es un muchacho muy dulce, tierno y agradable, me gusta pasar el tiempo con él, me hace reír mucho. .... Hoy me ha tomado de la mano, fuimos así mientras caminábamos hacia el local "Objetos Perdidos". Tiene un nombre muy atractivo y a cada chuchería le ha inventado una historia fantástica. … Hicimos una venta maravillosa, de un jarrón valuado en unos diez millones de dólares, estamos felices, me dará una comisión por haber sido la vendedora. A la noche, en su casa, abrimos un champán y lo bebimos. Me gustaría besarlo, pero todavía no he tomado lo suficiente para desinhibirme, aunque él me ha tomado de la mano varias veces y otras tantas de la cintura. Propone un juego que me gusta, me da intriga. Creo que me estoy enamorando. .... Ya son casi las doce de la noche, solo nos queda una copa por beber y creo que es el momento indicado para por fin besarlo. Me gusta mucho Martín, es una compañía maravillosa. En este momento fue a buscarme una manta, pues es invierno y la temperatura no es agradable.

  • catarsis 

    Todos quieren cambiarme No me dejan ser. Me encanta dormir porque tengo la esperanza de jamás despertarme Siento que no voy a llegar a ningún lado, que soy un error en el mundo, que esta vida es mi purgatorio, que el único pilar que me sostiene es él. Soy un fracaso. Me odio a mí misma Hay un vacío en mi alma que lleva un nombre que me hace tan feliz, pero que no es bienvenido en mi entorno.

    Odio los halagos, no me los merezco, estoy llena de balas que no terminan de matarme. Odio la hipocresía, pero la practico con frecuencia. Siempre pongo al resto por delante de mí. Me tienta el suicidio, pero no tengo el valor para hacerlo y eso es una mierda. Siento que mi mundo no me quiere, porque siempre de ellos recibo críticas. No me demuestran cariño y me siento ajena a su amor. Todo me sale mal. La gente cercana a mí me tiene lastima, y eso lo aborrezco. Me ignoran. Hacen de sus problemas y defectos los míos. No me escuchan. Por más que grite, no lo hacen. Me encantaría odiarla, pero me dio la vida. Confunde mi tristeza con resaca. Me gustaría hablar con ellos, pero me agreden, no quiero estar a su lado, quiero escaparme. Ciegos, egocéntricos, no ven más que su propia nariz.

    Pido ayuda, pero las manos que me tienden no sirven. Igual se agradece. Me siento pisoteada.

    Inquilina en mi propio techo. Lo último que recibo es amor, de ahí que ame estar sola, mi desprecio por la multitud, mi pesimismo. Mi idea del mundo se va esfumando. Lo AMO y no ven lo FELIZ que me hace. No sé en quién buscar ese abrazo que me falta, estoy perdida, soy una mentira.

  • TU ÁNGEL GUARDIÁN 

    Siempre detrás tuyo, cuidándote las espaldas. Siempre a tu lado, para levantarte cuando caigas. Siempre un paso atrás, siguiendo tu camino. Siempre hablándote al oído, para que sueñes conmigo Siempre viendo tus ojos, para que no te quedes ciego Siempre un abrazo disponible, cuando tengas frío lo puedes gastar. Siempre un beso en mi boca, esperando ansiosamente la tuya. Siempre mi corazón en la mano, para cuando necesites amar. Siempre mi pecho disponible, para cuando quieras recostarte. Siempre mi cuerpo tuyo, para cuando necesites sexo. Siempre mi sinceridad en la punta de la lengua, para que recuerdes lo brillantes que sos.

    Siempre palabras hermosas en mi diccionario, para vestirte con ellas. Siempre un anillo en mi dedo, para declararme tu esclava. Siempre que me necesites estaré. Siempre que quieras verme, me verás. Siempre que dudes de ti, te recordaré lo maravilloso que sos. Siempre que bajes las manos, te besaré el cuello y te haré saber que no hay motivos para tirar la toalla. Siempre que rías, me reiré contigo. Siempre que quieras, me tendrás en la puerta de tu casa, entre tus sábanas o simplemente detrás del teléfono escuchando tu voz. Siempre estaré contigo, dándote la mano o escondida entre las sombras, siempre con mi corazón en la mano, que fue hecho para amarte.

  • Miedos 

    Quisiera regalarte un beso, pero temo que no lo aceptes. Quisiera regalarte un abrazo, pero temo que no te abrigue. Quisiera regalarte mi alma, pero temo que sea poco. Te obsequiaría mi corazón, pero temo que no te sirva. Quizá te regalaría mi vida entera, pero temo que no la elijas. Te regalaría mi sombra, aunque quizá no te cuide. Te daría mis ojos, pero no quiero dejar de verte. Te entregaría mis palabras más hermosas, pero sé que no son suficientes. Pondría en tus manos las mías, pero temo que las rechaces. Posaría tu boca en mi boca, aunque, lo sé, no va a saciar tu sed de amor. Te regalaría mi cuerpo, aunque no sirva para sexo. Mi comprensión, mi paz, mi vida, mi amor, mi alma, todo, todo te daría sin pedirte nada a cambio. Y qué importa que no te sirva, que no lo uses o lo deseches: todas esas cosas te pertenecen, porque desde el día en que te vi, supe que mi corazón ya no era mío, que mi vida tenía dueño, que mi alma tenía un ángel y que ese ángel eras TÚ.

  • Catarsis I

    Qué lindo sería poder mandar todo bien a la mierda, sincerarte por una sola vez en la vida y decirle a cada persona que te rodea qué es lo que pensás de cada una de ellas. Las cosas lindas y las feas, las que odiás, las que amás, las que querés y esas de las que no te surge nada. Cómo me gustaría poder decirles a los que amo todos los defectos que les veo, toda la mierda que se tragan y la que escupen y la que no deberían escupir. Cómo me gustaría decirles que aunque tengan miles de defectos, que aunque me parezcan lo que me parezcan, los amo, y que por alguna razón los amo, los acompaño y los protejo. Cómo me gustaría que se sinceraran conmigo y me dijeran todos los defectos que tengo en la cara. Que me digan, no te quiero porque sos fea, gorda, puta y con rulos. Da igual. Cómo me gustaría que me digan, solo te hablé porque supongo que tenés guita. Cómo me gustaría que me digan, te quiero porque sos mi hermana, si no, te odiaría. Me encantaría que por una vez en la vida me mandase todo el mundo a la mierda y yo mandarlos a cada uno de ustedes. Sabiendo que cada crítica, cada palabra, cada pensamiento, es motivo de crecimiento, de madurez. No fomento pelea. Lo que hago es dejar fluir las cosas que nos atormentan, que nos destruyen por dentro, que nos vuelven vulnerables, entupidos y débiles. La fortaleza se incrementa en cada obstáculo superado, en cada bala esquivada. Nos volvemos invencibles cuando tenemos el poder de recibir las balas y que no nos provoquen nada. Ser inmunes, saber que no todos somos perfectos, que no todo lo que nos dicen puede gustar, que no podemos gustarles a todos. Y más que nada saber que del cien por cien de las personas que dicen quererte, menos del uno por ciento lo hace sinceramente. Observemos, critiquemos, crezcamos.

  • Cosas de la mente

    Algunos corremos otros caminos, pero siempre vamos al mismo lugar. Buscamos el horizonte. Tan lejano y cercano a la vez. Tan real e irreal que parece un sueño. Buscamos ese lugar donde somos nosotros. Sin etiquetas, sin máscaras, sin prejuicios. Ese lugar donde la soledad más pura es estar acompañado. Donde todo es sincero y donde estás con ellos a quienes en verdad amás. ¿Dónde estarás, horizonte? Tan soñado, tan deseado. Te escondés detrás del sol, en algún lugar oculto. Sé que estás al final de cada arco iris. En cada amanecer nos recuerdas que existes. Escondiéndote en el crepúsculo te vuelves estrella. ¿Dónde estarás, horizonte? Al final del laberinto de la vida. ¿En la muerte? ¿En cada respirar?

    ¿En él? ¿En mí? ¿En ellos? ¿Dónde estarás, horizonte? ¿En cada “te amo”? ¿En su cuerpo? ¿En mi piel? ¿Dónde estarás? No lo sé, pero corriendo o caminado yo te voy a encontrar. El horizonte es el camino que nos lleva al paraíso. Y el paraíso es estar ahí, a tu lado.

  • Entre el diablo y la pared 

    Lo que pasa es que él me vuelve loca, me saca de mi lugar, me transforma. Estar con él y hacer un pacto con el diablo, te digo, no tiene ninguna diferencia. Satanás se te presenta en la forma que más lo desees, te ofrece todo y más, te regala un beso y hasta quizás, cruzando sus deditos por detrás de la espalda, te diga al oído te amo, y él.... Bueno, él hace lo mismo. Pero hay algo peor que tiene él, que creo que ni el mismo demonio lo puede llegar a tener: él tiene esa piel, esa boca, ese cuerpo, esa parla. No, mentira, no tiene nada de eso, lo que pasa es que él es un estúpido, estúpido, estúpido al cual yo, ciega, y más estúpida, le regalé mi corazón, se lo entregué servido en bandeja, sin que peleara un poquito por él..... Y bueno, qué le voy a hacer... para mí es amor... yo confieso que lo amo con locura, que no importa si es dios o si es demonio, porque ya no hay más remedio, se robó mi cordura. Por él me transformé en un ser pasional y dejé lo racional para otro momento... ya buscaré un tiempo en mi vida para usar esa porción mía que mis sentimientos dejaron de lado. Ahora es tarde y yo, haciendo honor a mi título de pelotuda, me voy a dormir, no sea cosa que mañana el señor no tenga el desayuno... claro, si es que viene a desayunar... De última le preparo algo rico para el almuerzo, aunque si no aparece le quedará para la cena.... Claro, porque él trabaja, tiene una licenciatura en pirata y acaba de hacer un máster en chamuyo. Estoy súper orgullosa de haberme enamorado de un hombre así.... Ojalá me hubiera quedado con el ganso.

  • Catarsis II 

    ¿Qué es más sano, deshojar un margarita o cortarse las venas? Deshojando una margarita, rompés una flor, que quizás y solo quizás, y digo quizás para no decir seguramente, es más hermosa que vos. Deshojando una margarita derramás una lágrima por cada pétalo. Deshojando un margarita, te volvés adicta, se te hace vicio, se te va a efectivo. Si deshojás una margarita, vas a poder vivir para contarlo. Deshojar una margarita te permite volver a sufrir, llorar, sentirte una vez más infeliz. También te volvés estúpido, porque te preguntás qué mierda hago acá, perdiendo mi tiempo como un pelotudo deshojando una margarita. Deshojar una margarita te permite volver a sentir interminables veces ese dolor que parece inagotable, duele, duele y duele y sigue a doliendo, a pesar de que ya casi terminaste de deshojar una margarita. Deshojar una margarita te permite que puedas tratar el tema y resolver el conflicto arrancándolo de raíz. También te deja la oportunidad de que un millón de idiotas que no tienen nada que hacer te pregunten por qué estás llorando y, para colmo, por qué deshojás una margarita. Claro, sería más lógico sacarle las capas a una cebolla. Y vos con tu "mejor" cara, aunque no exista, los mirás y, comprensiva pero deseando con todas tus fuerzas que se vayan a cagar, les decís: No pasa nada. Acto seguido, abrazo hipócrita y, lo peor, TODO VA A ESTAR BIEN. Bien, si BIEN... ¿BIEN? ¿Qué mierda está bien? Estoy sentada llorando como una pelotuda y arrancando pétalos de una flor que ni olor tiene, ¿y vos me decís que todo va a estar bien? Deshojar una margarita te permite que tengas este déjà vu un millón de veces. Cortarse las venas es distinto. Puede que no vivas para contarlo, puede que nadie quiera hablar del tema, puede que te internen, no sé... pueden pasar tantas cosas que todavía no experimenté...

  • El Profe 

    El profe tiene esa cuota de interesante y de narcisismo. Es artista de sentimientos frustrados. Tiene esa cuota de interesante y de narcisismo. Esconde en su melena canas que reflejan madurez, vida, conocimiento. De sangre, sudor y lágrimas está tatuada su cara cubierta de arrugas. Su pecho es música y en su mano una brújula que lo guía. Su cuerpo, un pilar para reposarme; su pecho, una almohada en la cual hundir mi cara. Su vida, un diario de piratas. Su voz, gruesa, sensual, masculina. Su boca que me habla al oído, mientras me besa. Su sexo tan profundo dentro de mí, tan llenador, tan único. Cumple con sus promesas, es un profeta de la luz. Me llenan sus sonrisas. Me invaden sus abrazos, me excitan sus besos y adoro cuando me hace el amor. Creo que lo amo.

  • Estado Mental

    Es un estado mental, un desafío ilegal, deseo, tentación, esas ganas de gritar. Corro, corro, corro y no me detengo a mirar atrás.

    El futuro me sorprende, me abraza, a veces me cachetea y qué más da. Le doy revancha, no me rindo, peleo, peleo, peleo hasta ya no poder más. Busco el horizonte y hasta allí me dirijo. Incierto, excitante, me seduce, me enamora. Es un estado mental, estado de soledad, estado irracional, sensaciones pasionales. Me invade, me ata, me lleva con él.

    No puedo salir, no quiero salir, y si estoy loca qué más da, me define este estado descomunal.

  • Secreto

    Tengo un secreto, no sé si contarlo. Me asusta decirlo, pero quiero gritarlo. Tengo un secreto, lo escribí en un cuaderno. Tengo un secreto, me da miedo leerlo. Ese secreto que tenía escrito lo arranqué del cuaderno, lo metí en una botella y lo lancé al mar. Tengo un secreto que se fue nadando. Tal vez una sirena lo lea y pueda contarlo. Tengo un secreto que me está matando, me tiene atada al silencio. Una vez se lo susurré a un osito, esperaba que no dijera nada. Pero tenía miedo y lo amordacé. Tengo un secreto, lo escribí en la pared con la esperanza de que una sombra lo leyera. Tengo un secreto, lo escribí en la arena, pero una ola malvada lo borró atándome a esa condena. Tengo un secreto, me está volviendo loca. Tengo un secreto y lo hice canción, pero una guitarra enemiga me la robó. Tengo un secreto que me abraza por las noches, que se cuenta como un cuento y me hace llorar. Tengo un secreto que cuando quiero hablar se adueña de mí, me hunde en la almohada esperando que calle, casi sin dejarme respirar. Tengo un secreto, vení, acercate. Te hablo al oído, casi como susurrando, porque tengo un secreto que regalarte. Esperá un momento, no te asustes, perdoname. Tengo un secreto que no puedo con

  • Lloro

    Esto de vivir llorando no es vida. Lloro cuando estoy triste, lloro cuando estoy feliz, lloro y simplemente lloro. Vivo llorando aunque no derrame ni una lágrima. Lloro cuando hay tormentas y cuando todo está calmo. Lloro porque sí, sin motivos, simplemente por llorar. Lloro por lo ajeno, por lo que no es mío. Lloro otros dolores, otros ojos que quizá no lloren. Lloro porque me veo llorando y también cuando no lloro, lloro. Lloro porque la vida me dio lágrimas de más, porque somos más agua que otra cosa. Lloro porque me da miedo vivir y lloro porque enfrento ese miedo. Lloro por mí, por vos, por él y por ellos. Lloro porque así nací, llorando. Lloro por mi primer beso y hasta lloro cuando me hacés el amor. Lloro cuando te beso, cuando estamos a flor de piel, cuando nuestro amor es pleno y sonreímos. Yo, detrás de esa sonrisa, lloro. Lloro por amarte tanto y lloro más por saber que te odio. Lloro por saber que estás y también cuando te vas. Lloro porque te tengo cerca, y cuando no te abrazo lloro igual. Lloro por amor, por tristeza, por alegría, por mentiras, por verdades, por sinceridad y por ponerme mil caretas. Lloro porque me tocó ser mar. Lloro porque así me descargo. Hace un rato estuve llorando, y saben que lloro por no llorar más, así que me largo de nuevo a llorar. Lloro en silencio, a escondidas, y también en público y a gritos. Lloro por dolor, lloro porque sangro, lloro porque estoy sana. Lloro y no sé por qué lloro, pero me hace llorar el no buscar una respuesta, y ahora que la estoy buscando sigo llorando, y sé que cuando la encuentre lloraré por tenerla enfrente. ¡Qué idiota me siento al llorar tanto!, y por eso se hace más fuerte mi llanto.

  • Feel 

    No sos consciente de todo lo que te rodea. Ciego, caminás a tropezones por la vida buscando evadir tu futuro en lugar de afrontarlo. Cagón. Te ganó la costumbre y te estancaste en lo seguro, lo lineal, lo básico. Jugás un juego que, sabés, siempre vas a ganar. Impusiste las reglas. Pero yo no soy una más, no quiero que ganes sin que antes saltes al abismo. Soy una montaña rusa, hermosa, excitante. Te propongo un desafío distinto en cada curva, en cada rizo que tapa mis pechos. Soy todo eso a lo que le tenés miedo. Belleza, pureza, ingenuidad, frescura. Esa brisa que invade tus sentidos volviéndote ajeno a tu persona. Soy futuro, incentivo, INCONDICIONAL. Te tomé de la mano sin pedirte nada. Jamás usé ojos críticos cuando relatabas tu historia. Y qué importa si tu pasado es oscuro. No se puede borrar. Pero tu futuro, esas páginas en blanco que todavía ni un manchón tienen, puede esta lleno de luz. Tomá mi mano y te iluminaré por siempre, hasta que saques tu propia luz para que brillemos juntos. No te asustes, quedáte, miráme una vez más y decíme a los ojos sin que se derrame una lágrima que no te dan ganas de abrazarme, negáme con el corazón ese beso que tanto ansiamos. Te quiero, me hacés feliz. No cambies, sos perfecto. Todos tenemos defectos. Yo también tengo miedo, pero aventurémonos juntos, caminemos por la cornisa, tengo fe en que no nos vamos a caer. Tenés el sol frente a tus ojos que te regala toda su dulzura y vos, vos, le corrés la cara.

  • Entendidos 

    Creo que este estado de locura del que siempre hablo ha llegado a su fin. Mi demencia era solo un momento transitorio por el que debía pasar para descubrir que no estoy loca. Simplemente, acepto la realidad. Veo la vida tal y como es. Vivo enferma por expulsar fuera de mí ser todo lo que me hace mal. Un sabio me dijo una vez que sufriría mucho en mi etapa de crecimiento y que mi mente no se limitaba a la estupidez que impone la sociedad. Gracias a él entendí que mi destino en la vida era ser incomprendida, pues la etapa de crecimiento solo finaliza con la muerte. El mismo sabio me preguntó por qué nunca hablaba de finales felices. En sus palabras he llegado a la respuesta. Mi experiencia me permite decir que la felicidad plena está regida por sacrificios, escrita con sangre, barnizada con lágrimas, impresa en la piel resistente al sudor. La felicidad plena se vive luego de la vida, cuando ya uno cumplió con su destino y lo único que resta es apagar las luces de los focos del ingenio. No es que no se deban disfrutar los momentos de bienestar, estamos obligados a sonreír para poder pasar inadvertidos y no ser categorizados como dramáticos; pero la verdad es que uno vive en constante crecimiento. Aprendemos de las alegrías y de las desgracias, ambas plasmadas en sufrimiento y dolor. Un ejemplo claro es el amor: todos sufrimos por amor, pero más que nada sufrimos en trances de amor. Los seres humanos somos personas distintas, pensamos desigual, defendemos nuestra postura, peleamos por la integridad de nuestro ser. Desgracia pelear con la persona que amas, crecimiento el poder llegar a un acuerdo que traslade a esos dos cuerpos a un estado transitorio de felicidad, hasta que un choque los desenfoque y tiña de gris esas miradas pomposas. Ejemplos así hay demasiados, podría llenar páginas y páginas, y siempre llegaríamos al mismo resultado. Pero ya es tarde, mis ojos se desmayan y ya no tengo fuerzas para empuñar esta pluma.

    Me marcho volando hacia el inconsciente, donde tal vez me encuentre con Freud y tome una taza de té.

  • Hombres

    No entiendo, por más que intento no entiendo. Me pedís que te llame, que esté presente en tu vida, que mi foto aparezca en tu muro. Y yo, como una pelotuda, lo hago con gusto, con amor, con el mayor de los cariños. Pero no recibo respuestas, solo réplicas de que estoy desaparecida, buscando saber adónde se fue el amor. Pero resulta que paseo, camino, surfeo, inspecciono, como quieras.... y me encuentro con que le escribís a ella, a la otra, a la que no le reclamás nada, a la que te vuelve loco, pero no loco de amor, locura que te borra la cordura, te saca de tu estado racional, te transforma en otro ser humano.

    Y yo, en lugar de tirarte basura en la cara, te hago mimos, te entiendo, te comprendo, te beso, hasta te hago el amor, y vos, sin siquiera pedir perdón, volvés a quejarte porque soy solo una sombra, una brisa, ni siquiera llego a ser viendo, casi invisible. Y me pedís que aparezca, y cuando me vuelvo de carne y hueso, cuando siento, cuando la sangre se encuentra a flor de piel, vos una vez más te esfumas, como prófugo de no sé qué, si este es tu reino, y volvés a arrodillarte y besarle los pies a la otra. Es cíclico, soy una pelotuda, vos un garca, pero lo peor es que aun así TE AMO CON LOCURA.

  • Bueno 

    Soy bueno porque jamás lastimé a nadie, jamás empuñé un arma, nunca asalté a mi hermano, jamás tuve necesidad de robar. Por mi pilcha no te preocupes, que no te voy a lastimar, porque me visto a la moda y tengo cara bonita, porque está bien, me hice las lolas para ser más perfecta. Soy bueno porque nado en millones y no me manejo con monedas; el precio me da por los cojones porque soy mejor que quienes me rodean. Soy bueno porque mi casa es grande, porque tengo un auto a la moda y bebo alcohol con moderación. Soy bueno porque fumo y consumo marihuana, porque no me importa qué dicen de mí. Soy bueno porque socialmente estoy aceptado, y qué hay si vos no y yo sí. Soy buen porque tengo y porque solo sé mirarme en el espejo y descubrir defectos, no en mí, en el resto. Soy bueno porque discrimino, por tu raza, tu religión, tu color. Soy bueno porque creo ser solidario, porque le doy mi ropa rota al más pobre del vecindario. Una vez le compré comida a un indigente y me dije no puedo ser más buena gente. Soy bueno porque me tapan los ojos, porque dejo ver lo que me muestran, porque no me importa la realidad del mundo si la mía es perfecta. Soy bueno porque así tengo que serlo. Pero a veces me pregunto: ¿Seré realmente bueno? ¡No!

    Soy ciego porque me dejé vendar los ojos, porque dije que sí cuando me lo impusieron, porque no tengo voz ni voto. Soy ciego porque no veo, soy ingenuo porque me la creo, y si me pongo a pensar, no soy tan bueno, porque quiero lo ajeno, porque odio a quien me gana en el sueldo, porque cuando realmente veo no soy tan perfecto. Entonces ¿soy bueno o no soy tan bueno?

    La verdad, no lo sé, eso se lo dejo al comentario ajeno, yo prefiero no dar que hablar y ser siempre sincero

  • Sin Cabeza 

    La demencia me está llevando a estados emocionales que jamás pensé vivir. Disfruto solo en compañía masculina. Me muerdo los labios para no gritarle a ese cuerpo que me abraza que me penetre. Tengo inmensas ganas de fuego, necesito que me lo hagan, sentirme víctima de manos ajenas. No encuentro consuelo en abrazos sinceros, en besos, en mis afectos. Me siento cada vez más sola. En esa soledad me creé un mundo en el que intento ser feliz. Me miro, sonrío, me miento en la cara viviendo el día a día buscando la muerte. Constantemente me habla ese instinto suicida y me dice: ¿Por qué no?

    Y yo, yo me pregunto: ¿Por qué no?, y miro y busco; evalúo cada una de las posibilidades de decir adiós, pero se abre la puerta de la realidad y esa voz me arranca de los brazos del suicidio y me visto de cobarde, aunque sigo preguntándome: ¿Por qué no? Aunque sigo buscando formas de decir adiós, temo despedirme. Es horrible saber que te quieren vivo y vos te creés muerto, es horrible proyectar y no poder ir a ningún lado. Tener la certeza de que esas sombras que me persiguen vayan matándome poco a poco y disfruten arañándome el alma. Es difícil saber que ninguna de tus verdades son tomadas en cuenta, que cada palabra cierta, salida del corazón, arrancada a la fuerza, sea recibida con caras amargas y no sea escuchada como un grito desesperado que pide ayuda. La demencia me traslado a un mundo donde reina el silencio, se vive en el egoísmo y el egocentrismo. ¿Nos hicieron mudos?, ¿nos hicieron ciegos? No. Nos volvieron mudos, nos creyeron ciegos. Entones me pregunto: ¿Por qué no? Conozco la respuesta, porque tengo una misión, porque esas voces no me gobiernan, porque prefiero ser yo y no ellas. Porque tengo vida, porque tengo sentimientos.

    Porque me dieron labios que ansían gritar y ojos para mirar, porque me dieron vida para accionar, hoy no me van a callar. Entonces digo, basta ya de ser mudos, canten conmigo, cantemos juntos.

  • Locura 

    Escucho voces, por todos lados me persiguen. Intentan atraparme, adueñarse de mí. Me atan, despacio me hablan al oído, ese dulce sonido me seduce, me tiene engañada. Tengo miedo, quiero correr, pero me quedo callada, petrificada. Son ángeles oscuros traídos por la lluvia, pretenden que me convierta en una más. Se llevan mi pureza, me roban la virginidad. Me abrazan, me tocan, me tienen cegada. Poco a poco me voy entregando, me dejo seducir. Cae mi ropa al suelo, mis pechos te miran, mis labios te aconsejan, mis ojos, diluviando, suplican liberación. No escucho, todo se mezcla. Tu tacto se hace cada vez más fuerte, tu sexo se ha fusionado con el mío. Una vez más te miro, pero todo es diferente, me sale un suspiro y entre los gemidos se siente un “te amo” perdido. Te desesperás, me golpeás, lloro, me abrazás, me besás, te muerdo, te quiero por siempre. Ahora yo quiero ser tu dueña, ser quien tome las riendas, cegarte, ser la única que pueda verte. Adueñarme de tu boca, tus manos, tu pecho, de todo lo que nos ha unido. Te abrazaré, por siempre me esposaré a ti, y qué importa que hayas abusado de mí, si hiciste lo que quisiste en tu captura. Me alimentaste, me cuidaste, me hiciste sentir. A la fuerza me iniciaste y yo me enamoré de ti.

    Te fuiste así, de pronto, como yo aparecí en tu vida. Me esperabas con ansias, lo sé porque todos lo dicen. Ocupé en tu vida un lugar importante, al igual que vos lo ocupaste en la mía, llenándome el alma; me diste alegrías y fuiste mi razón de vida. Sé que yo a vos te di mucho, pero no siento que haya sido lo suficiente, me sobra amor para regalarte, y a cambio de eso me diluvio pensándote en carne y hueso. Te fuiste en busca de un reencuentro, para sanar tu corazón roto, ese corazón que yo no pude curar. No importa cuántas curitas usara, la herida era enorme. Hace mucho que no sé de vos, porque, aunque te mantenga vivo, es como si te hubieses esfumado. Hombre de pocas palabras, sé que me amaste mucho, y sé que yo te lloré más del amor que te di, pero este dolor, al igual que el tuyo, solo se borrará con nuestro reencuentro. Cuando por fin vuelva a abrazarte, a escuchar tu voz y pueda devolverte todo lo que vos me diste. Hoy que solo vivís en mi corazón, que para algunos sos un simple recuerdo, te pido perdón por no haberte podido acompañar lo suficiente, por preocuparme más por jugar que por hacerte feliz. Me odio por no haberte atendido, no haberte mimado, por no mostrarte todo este amor que hoy se ha trasformado en un vacío que solo tu presencia podrá llenar. Espero que algún día me perdones, espero que mis actos me lleven cerca de vos y que Dios se apiade de mis faltas y no me condene a este infierno de haberte perdido para siempre. Ya no soy feliz en una vida sin vos, cómo soportar la eternidad lejos de vos. Espero, en la eternidad que pasé a tu lado, haberte amado lo suficiente.

    Lo que diga la gente me tiene sin cuidado

    No sé si estoy enferma, tampoco me interesa mucho, pero estoy segura de que algo raro tengo; no porque se me haya presentado ningún síntoma, tampoco creo que algo en mí ande mal, pero sé que no soy normal. Lo sé porque, si lo fuese, podría caminar tranquila por la calle, pero no. Cada rayo de sol que pega en mi cara se acompaña de una mirada fulminadora. Algunas son lentas, observadoras, detallistas; otras son fugaces, disparan justo en el blanco, te miran cara a cara y en un segundo te destruyen el alma condenándola al infierno por un pecado involuntario. Hay miradas que son pudorosas, se avergüenzan de verte caminando a la par, creyendo inocentemente que sos una más del montón, cuando NO, algo en vos anda mal. Pero lo que pasa es que son solo miradas, deducciones. Nadie emite ni un suspiro, solo miran, alguno medio indiscreto menea la cabeza decepcionado y negador; en el fondo creo que se pregunta: ¿cómo puede existir algo así? Pero son solo eso, miradas que no dicen nada, no hay una palabra sincera, que por más dolorosa que fuera rompiese con todo este silencio gritando, por fin, lo que tal vez no quería escuchar, aunque sea la respuesta que ando buscando. Todos pasan, todos miran y hablan para adentro, monologan, pero nadie produce el cambio, nadie habla, nadie escucha. Narcisos, no importa nada más que lo que ven sus propios ojos, que ven en su reflejo a un dios, se creen omnipotentes solo por ser iguales, individuales; y a mí, a todos esos que somos diferentes, nos toman como extraños, irracionales. No sé si estoy enferma y por más que haya consultado, poco me interesan los resultados. Me analicé, y para los ojos profesionales, objetivos, mi salud está regia. Sin embargo, la gente sigue viéndome de manera extraña, me persiguen esos ojos fulminadores a los cuales, por más que duelan, ya no les temo, en ellos he encontrado una respuesta. No estoy enferma, me lo detectaron, soy rara, me lo hicieron saber. Pero oculto algo que a esas miradas se les escapa; por más que miren no pueden ver lo que transmito a través de mis sonrisas. Es eso que esconde mi soledad, lo descubrí.

    No estoy enferma, me lo dijeron. Soy rara, me lo demostraron. Estoy loca, lo estoy afirmando. ESTOY LOCA, LO ESTOY GRITANDO.